HISTORIAS DE SOCIALISTAS
Escribe Mario Barcelò
Una mañana, cerca de mediodía, fría mañana de mayo, Eduardo
Saldain terminaba una forma redonda perfecta en uno de sus cacharros.
Se
acercaba a la pieza.
Se alejaba. Iba a la otra esquina del patio.
La miraba de
más lejos.
Acercaba y miraba más de cerca. Medía de nuevo desde el horizonte
cercano del mango de una pequeña espátula de madera. Volvía y retocaba el
cuello femenino que completaba la forma del gran cacharro.
Por una puerta lateral del patio entró “Pico” Amaral, flaco,
pucho en la boca y bigotes sin recortar.
Recién llegado de campaña y en una de sus vueltas por la
ciudad, con ganas de conversar llegó a la casa del maestro ceramista, dibujante
excepcional, compañero de socialismos.
“Yo que tú… la dejaba así”- le dijo a Eduardo.
Como siempre parco y cuando hablaba con inflexión pausada y
tono grave, el ceramista le respondió: “la O es más difícil de hacer que un
cero. Pero no es lo mismo escribir que sumar y restar, o lograr una forma
redonda que siempre tenga luz en su único lado”.
A “Pico”Amaral le extrañó la demasiado extensa reflexión con
que respondiera Eduardo. Sobre todo sabiendo la parquedad de Saldain al
comenzar un diálogo.
Más extrañado quedó enseguida cuando, extendiendo la mano,
de largos dedos, blancuzca y rojiza a la vez por la mezcla de greda y arcilla,
le dijo -“Pásame el tabaco”.
“Pico” andaba con una tabaquera de goma, de aquellas que se
plegaban sobre sí cerrándose en cuello, y se la alcanzó, rebozante, redonda,
brillante.
“-Qué lo parió. Viniste justo. Esto es lo que quería”- le
dijo en un tono grave que apagó la sonrisa final.
Y levantó hasta la altura de su rostro, por debajo de la
línea de la cara asombrada de “Pico” Amaral, la roja forma de la tabaquera
mientras miraba de reojo el cacharro que trabajaba encima de un cajón.
Aquella vez siempre estuvo en el recuerdo de Pico Amaral por
ser la única en que habló más el Flaco Saldain que él.

