Álvarez auguró que los reemplazantes de José Seoane y Nora Castro van a tener la “buena suerte” de que —además de lo que hagan por sus méritos y por su conocimiento del sistema— van a “recoger los resultados que sembró la dirección anterior”, porque en educación nada se hace de un día para otro.
Sobre los relevos de Seoane y Castro, contó que se enteró cuando las decisiones ya estaban tomadas. “Obviamente es una potestad que tiene el presidente”, reconoció y agregó que es un defensor de la autonomía educativa porque tiene la ventaja de “liberarla de las tensiones que el sistema político genera”.
“Cuando se piden políticas de impacto se busca generar un impacto político”, opinó Álvarez y lamentó que no pueda verse que en educación se debe hablar de “largo plazo”. “Los resultados de esos que uno puede decir: `acá hay una línea de transformación, lamentablemente, son de largo plazo. Lo que nadie acepta es que también fueron de largo plazo las políticas que nos trajeron acá. Y esto no es hablar de la herencia maldita, sino reconocer el desarrollo de las políticas”, sostuvo.
Por otra parte, elogió el fortalecimiento de la educación técnica y recordó los tiempos en que “quedaba mal” decir que se era alumno de UTU, porque ese era un espacio para aquellos a los que les iba mal en el liceo. “Hoy por suerte queda muy bien decir que vas a la UTU”, valoró y dijo que es un logro que se haya instaurado el convencimiento de que el saber de las manos es tan importante como el académico. De todas formas, dijo: “ahora no podemos pensar que la cenicienta son las humanidades”.
La UTU es ahora el lugar donde se forman los técnicos que el país necesita, afirmó. Y opinó que el “país productivo” no puede conducir la política educativa.
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Radio Uruguay
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