De las 136 víctimas, 43 tenían
antecedentes penales, manteniendo el alto grado de participación de
la delincuencia en este registro. La lucha por territorios y una
respuesta policial cada vez más eficaz, hacen del delito una oferta
en retroceso que genera -en parte- pujas de poder con
resultado a que incrementan el número de homicidios.
Datos 1er. semestre 2013
Como un aporte para interpretar estos
datos que se presentan, el director del Observatorio Nacional sobre
la Violencia y Criminalidad del Ministerio del Interior, Soc. Javier
Donángelo, manejó una serie de conceptos que transcribimos a
continuación:
BREVES COMENTARIOS A PROPÓSITO
DEL INFORME SEMESTRAL 2013
Lic. Javier Donnangelo
HOMICIDIOS
Los homicidios acontecidos durante la primera mitad del año 2013 no han variado sustancialmente con respecto a igual período de 2012, mostrando incluso una ligera disminución. En lo fundamental, pues, el patrón para la primera mitad del año es de estabilidad en el comportamiento de este tipo de delitos con respecto al año pasado. Aun cuando esta estabilidad (que podrá o no mantenerse durante el resto del año) se produce en niveles que pueden ser considerados relativamente altos para la tendencia histórica en el país, la cifra correspondiente a los primeros seis meses de 2013 no difiere apreciablemente de valores que se han registrado en el pasado. Así, durante 1998 se produjeron 140 homicidios entre enero y junio (esto es, cuatro más que en 2013), y 130 durante 2002 (tan sólo seis menos que durante el año en curso). Presumiblemente, además, las rudimentarias tecnologías de registro y captura de datos que existían en dichos años (básicamente manuales dada la ausencia de sistemas informáticos en red), permitían en mayor medida que en la actualidad que se “escaparan” al recuento algunos casos. Por lo demás, sin pretender restarle trascendencia al problema, se debe tener presente que la tasa de homicidios de Uruguay (8 por cien mil) no sólo está entre las más bajas de América Latina y el Caribe, sino que es, asimismo, apreciablemente inferior a la de decenas de ciudades importantes de países con niveles de desarrollo económico muy superiores. A vía de ejemplo es posible mencionar, en este sentido, que ciudades tan importantes como Nueva Orleáns, Filadelfia, Miami, Chicago, Houston y Detroit tienen, de acuerdo a los últimos datos divulgados por el FBI (correspondientes al año 2012), todas ellas tasas de homicidio varias veces más altas que las de Uruguay (en su conjunto) y Montevideo (en el apéndice se incluye una tabla que muestra muchas otras ciudades norteamericanas importantes con tasas de homicidio claramente superiores a las de Uruguay y Montevideo).
La consideración de los homicidios desde el punto de vista de las circunstancias precipitantes, muestra que predominan los incidentes que tienen tanto víctimas como autores con antecedentes penales. En muchos de estos casos, asimismo, está bien documentada la vinculación con la comercialización y/o el consumo de estupefacientes de la víctima, el autor o ambos.
En cuanto a los medios empleados para cometer los homicidios, se observa una muy alta participación de armas de fuego (6 de cada 10 muertes a nivel nacional). La proporción de homicidios cometidos con arma de fuego en la Capital del país es todavía más alta, alcanzando casi el 70% o 7 cada 10 muertes. Estos porcentajes de homicidios con armas de fuego contrastan con lo que ocurre en la mayor parte de los países de Europa Occidental y Europa del Norte (que tienen muy pocos homicidios en relación a su población), y es similar a lo que ocurre en países que son potencias desde el punto de vista de la producción de armas y cuyos niveles de homicidio son los más altos entre las sociedades occidentales industrializadas1.
Finalmente, los homicidios con participación de adolescentes en carácter de autores muestran una disminución apreciable respecto de la primera mitad del año pasado, pasando desde el 24% al 17% de los homicidios aclarados (un hecho que tal vez pueda estar vinculado con el efecto de incapacitación derivado de la imposición de penas mínimas más altas para algunos delitos graves cometidos por adolescentes).2
RAPIÑAS
Los datos del primer semestre de 2013 marcan un incremento de alrededor de 8% en las denuncias de rapiña. Aunque no es posible afirmar nada respecto de lo que ocurrirá en la segunda mitad del año, dicho incremento parece interrumpir la consistente tendencia a la desaceleración que esta modalidad delictiva venía mostrando desde 2011. Si bien con la información disponible de momento es prematuro extraer conclusiones definitivas acerca de las causas de este incremento, es posible ensayar algunas interpretaciones preliminares. En particular, cabe pensar que, al menos en parte, el incremento podría responder a un efecto de desplazamiento derivado de cambios en la composición de la masa de denuncias de rapiña. Así, si bien el total general de denuncias de este tipo aumentó, el aumento no ha sido uniforme a través de las distintas categorías y modalidades de rapiña. En particular, las rapiñas más lucrativas (las que tienen como víctimas a establecimientos comerciales y unidades del transporte público) han disminuido respecto de igual período durante el año pasado. Esto podría estar indicando que, como consecuencia de la creciente adopción de medidas de seguridad por este tipo de víctimas (cámaras, alarmas, guardias de seguridad, etc.), su vulnerabilidad a este tipo de delito está disminuyendo (en forma análoga a lo ocurrido en el pasado con las instituciones financieras). Como consecuencia, las rapiñas dirigidas contra este tipo de “blancos” podrían haberse desplazado hacia víctimas más vulnerables (transeúntes, menores de edad), pero también menos redituables. A su vez, tal desplazamiento podría estar determinando la necesidad de cometer más delitos como forma de compensar el menor “ingreso” derivado de cada uno.
HURTOS
Las denuncias de Hurto muestran un comportamiento muy similar al del año pasado, y levemente por debajo de los valores correspondientes a los años 2011 y 2010. Esta permanencia general a lo largo de cuatro años en el nivel de las denuncias de hurto (más allá de fluctuaciones menores), sugiere que esta modalidad delictiva ha entrado en una fase de estabilización, siendo poco probable que se registren aumentos bruscos de la misma en el futuro cercano.
REFERENCIAS CITADAS
FBI. 2011. “Crime in the United States”. Uniform Crime Reporting Program. En:http://www.fbi.gov/about-us/cjis/ucr.
Home Office. 2010. “Homicides, Firearm Offences and Intimate Violence 2008/09”. London: Home Office.
Killias, M. 1990. “Gun ownership and violent crime: the Swiss experience in international perspective”. Security Journal, vol. 1 pp. 169-74.
Sherman, L. 1993. “Preventing Homicide through Trial and Error”. Australian Institute of Criminology. En: www. aic. gov. au.
Lic. Javier Donnangelo
HOMICIDIOS
Los homicidios acontecidos durante la primera mitad del año 2013 no han variado sustancialmente con respecto a igual período de 2012, mostrando incluso una ligera disminución. En lo fundamental, pues, el patrón para la primera mitad del año es de estabilidad en el comportamiento de este tipo de delitos con respecto al año pasado. Aun cuando esta estabilidad (que podrá o no mantenerse durante el resto del año) se produce en niveles que pueden ser considerados relativamente altos para la tendencia histórica en el país, la cifra correspondiente a los primeros seis meses de 2013 no difiere apreciablemente de valores que se han registrado en el pasado. Así, durante 1998 se produjeron 140 homicidios entre enero y junio (esto es, cuatro más que en 2013), y 130 durante 2002 (tan sólo seis menos que durante el año en curso). Presumiblemente, además, las rudimentarias tecnologías de registro y captura de datos que existían en dichos años (básicamente manuales dada la ausencia de sistemas informáticos en red), permitían en mayor medida que en la actualidad que se “escaparan” al recuento algunos casos. Por lo demás, sin pretender restarle trascendencia al problema, se debe tener presente que la tasa de homicidios de Uruguay (8 por cien mil) no sólo está entre las más bajas de América Latina y el Caribe, sino que es, asimismo, apreciablemente inferior a la de decenas de ciudades importantes de países con niveles de desarrollo económico muy superiores. A vía de ejemplo es posible mencionar, en este sentido, que ciudades tan importantes como Nueva Orleáns, Filadelfia, Miami, Chicago, Houston y Detroit tienen, de acuerdo a los últimos datos divulgados por el FBI (correspondientes al año 2012), todas ellas tasas de homicidio varias veces más altas que las de Uruguay (en su conjunto) y Montevideo (en el apéndice se incluye una tabla que muestra muchas otras ciudades norteamericanas importantes con tasas de homicidio claramente superiores a las de Uruguay y Montevideo).
La consideración de los homicidios desde el punto de vista de las circunstancias precipitantes, muestra que predominan los incidentes que tienen tanto víctimas como autores con antecedentes penales. En muchos de estos casos, asimismo, está bien documentada la vinculación con la comercialización y/o el consumo de estupefacientes de la víctima, el autor o ambos.
En cuanto a los medios empleados para cometer los homicidios, se observa una muy alta participación de armas de fuego (6 de cada 10 muertes a nivel nacional). La proporción de homicidios cometidos con arma de fuego en la Capital del país es todavía más alta, alcanzando casi el 70% o 7 cada 10 muertes. Estos porcentajes de homicidios con armas de fuego contrastan con lo que ocurre en la mayor parte de los países de Europa Occidental y Europa del Norte (que tienen muy pocos homicidios en relación a su población), y es similar a lo que ocurre en países que son potencias desde el punto de vista de la producción de armas y cuyos niveles de homicidio son los más altos entre las sociedades occidentales industrializadas1.
Finalmente, los homicidios con participación de adolescentes en carácter de autores muestran una disminución apreciable respecto de la primera mitad del año pasado, pasando desde el 24% al 17% de los homicidios aclarados (un hecho que tal vez pueda estar vinculado con el efecto de incapacitación derivado de la imposición de penas mínimas más altas para algunos delitos graves cometidos por adolescentes).2
RAPIÑAS
Los datos del primer semestre de 2013 marcan un incremento de alrededor de 8% en las denuncias de rapiña. Aunque no es posible afirmar nada respecto de lo que ocurrirá en la segunda mitad del año, dicho incremento parece interrumpir la consistente tendencia a la desaceleración que esta modalidad delictiva venía mostrando desde 2011. Si bien con la información disponible de momento es prematuro extraer conclusiones definitivas acerca de las causas de este incremento, es posible ensayar algunas interpretaciones preliminares. En particular, cabe pensar que, al menos en parte, el incremento podría responder a un efecto de desplazamiento derivado de cambios en la composición de la masa de denuncias de rapiña. Así, si bien el total general de denuncias de este tipo aumentó, el aumento no ha sido uniforme a través de las distintas categorías y modalidades de rapiña. En particular, las rapiñas más lucrativas (las que tienen como víctimas a establecimientos comerciales y unidades del transporte público) han disminuido respecto de igual período durante el año pasado. Esto podría estar indicando que, como consecuencia de la creciente adopción de medidas de seguridad por este tipo de víctimas (cámaras, alarmas, guardias de seguridad, etc.), su vulnerabilidad a este tipo de delito está disminuyendo (en forma análoga a lo ocurrido en el pasado con las instituciones financieras). Como consecuencia, las rapiñas dirigidas contra este tipo de “blancos” podrían haberse desplazado hacia víctimas más vulnerables (transeúntes, menores de edad), pero también menos redituables. A su vez, tal desplazamiento podría estar determinando la necesidad de cometer más delitos como forma de compensar el menor “ingreso” derivado de cada uno.
HURTOS
Las denuncias de Hurto muestran un comportamiento muy similar al del año pasado, y levemente por debajo de los valores correspondientes a los años 2011 y 2010. Esta permanencia general a lo largo de cuatro años en el nivel de las denuncias de hurto (más allá de fluctuaciones menores), sugiere que esta modalidad delictiva ha entrado en una fase de estabilización, siendo poco probable que se registren aumentos bruscos de la misma en el futuro cercano.
REFERENCIAS CITADAS
FBI. 2011. “Crime in the United States”. Uniform Crime Reporting Program. En:http://www.fbi.gov/about-us/cjis/ucr.
Home Office. 2010. “Homicides, Firearm Offences and Intimate Violence 2008/09”. London: Home Office.
Killias, M. 1990. “Gun ownership and violent crime: the Swiss experience in international perspective”. Security Journal, vol. 1 pp. 169-74.
Sherman, L. 1993. “Preventing Homicide through Trial and Error”. Australian Institute of Criminology. En: www. aic. gov. au.