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domingo, 20 de septiembre de 2015

Papa Francisco, a hacer historia en Cuba y EE. UU.

Tres carteles dan la bienvenida al visitante en el camino desde el aeropuerto José Martí, de La Habana, hasta el centro de la capital cubana.

El primero recuerda a los cinco agentes del país latinoamericano encarcelados en Estados Unidos tras acusárselos de espionaje. Los últimos tres de ellos que seguían en una prisión de Miami fueron liberados el pasado diciembre, cuando Estados Unidos y Cuba anunciaron que retomaban sus relaciones diplomáticas luego de más de medio siglo de conflicto.





Otro de los carteles está dedicado al embargo que Washington mantiene con La Habana. Según la propaganda castrista, esta política constituye “el mayor genocidio de la historia”. El presidente estadounidense, Barack Obama, tiene las manos atadas para acabar con él, pues su levantamiento total compete al Congreso.

El tercer cartel da la bienvenida al papa Francisco mostrando su cara sonriente sobre un fondo amarillo y blanco, los colores de la bandera vaticana.

Estas tres imágenes resumen bien el contenido de la visita que Francisco comenzó este sábado a Cuba y Estados Unidos, el viaje más largo hasta ahora de su pontificado y uno de los que conllevan una mayor carga política. El primer obispo de Roma latinoamericano ejerció como mediador en las conversaciones que llevaron al nuevo período de acercamiento entre Washington y La Habana, y con esta visita quiere dar el último empujón para que la reconciliación entre ambos países sea completa.

De hecho, se espera que durante su viaje a Cuba, donde permanecerá hasta el martes, critique el embargo estadounidense a la mayor de las Antillas, algo que ya hicieron tanto San Juan Pablo II como Benedicto XVI cuando visitaron la isla en 1998 y el 2012, respectivamente.

“Esperamos que la visita sirva para que cambien de verdad las cosas y se acabe de una vez el bloqueo. Cuando se anunció, en diciembre, que retomábamos las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, la gente estaba esperanzada, pero hasta ahora no hemos visto muchos cambios, más allá de que tengamos ya embajador en Washington”, se quejaba Pedro, un taxista de La Habana.

La visita de Francisco a Cuba comenzó precisamente dos días después de que Obama recibiera en la Casa Blanca al embajador cubano, José Ramón Cabañas. Su homólogo estadounidense en La Habana aún no ha sido designado, pues el nombramiento tiene que pasar por el Congreso, donde el Presidente no tiene mayoría.

El primer jefe de la legación diplomática de la isla en Washington en más de medio siglo explicó al periódico Granma que su primer objetivo es “difundir la verdad” sobre Cuba y contribuir a eliminar los obstáculos que aún persisten para que haya “una relación normal” entre ambas naciones.

El Gobierno estadounidense parece comprometido con esta misión. Un día antes de que Francisco aterrizara en suelo cubano, Washington anunció que eliminaba algunas de las trabas que dificultan los viajes y el comercio con Cuba, en particular en los sectores bancario y de las telecomunicaciones. La Habana también dio muestras de su buena voluntad al concederles la semana pasada la amnistía a 3.522 presos con motivo de la visita del Papa.

Francisco desea que el nuevo período que se ha abierto en la isla contribuya a impulsar unas mayores libertades sociales y políticas entre la población. Por ello, durante su estancia, tiene pensado reunirse con grupos opositores cubanos como las Damas de Blanco, según explicaron a este diario fuentes vaticanas.

Son varios los movimientos de inspiración cristiana que llevan años pidiendo una apertura al régimen cubano. Al mismo tiempo, la jerarquía eclesiástica isleña, encabezada por el arzobispo de La Habana, el cardenal Jaime Ortega y Alamino, se ha convertido en la principal mediadora entre el Gobierno y la oposición, contribuyendo a la excarcelación de presos políticos.

Como explica Fernando García del Río en La isla de los ingenios, para el gobierno de Raúl Castro supone “un regalo del cielo” tener al Vaticano como mediador. Se trata de un interlocutor que goza de “respeto internacional” y que satisface a “tirios y troyanos”. “Nadie cuestiona un proceso bendecido por la Iglesia”, dice García del Río.

Menos aún cuando al frente de la Iglesia está un Papa latinoamericano, y con el respaldo internacional del que goza Bergoglio.

Fuente El Tiempo