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martes, 4 de septiembre de 2018

Especialista internacional disertò en Rocha sobre cuidados paliativos.

“Amar es acompañar, es ser solidario, es ayudar a dar una mejor calidad de vida; por eso donar, es un acto de amor. Los niños en cuidados paliativos no son solo de las familias ,nos pertenecen a todos”, así explica la doctora Lisbeth Quesada Tristrán, el sentimiento único del amor.   

La Unidad de Cuidados Paliativos Pediátricos de COMERO IAMPP estuvo a cargo de la charla  que brindò en el aula Magna del CURE ,la Dra. Lisbeth Quesada , fundadora y directora desde hace 25 años de la primera Unidad de Cuidados Paliativos Pediátricos de América Latina.






Además de compartir sus conocimientos y su amplia experiencia, de más de 25 años en la temática, la especialista hizo hincapié en que los cuidados paliativos deben ser considerados derechos humanos de los pacientes.


En nuestro paìs la  Ley 18.335 que regula los derechos y obligaciones de usuarios y pacientes de los servicios de salud, considera entre otros el derecho a los cuidados paliativos y a un abordaje que evite el dolor y el sufrimiento en etapas terminales de la vida.

”El cuidado paliativo pediátrico ve niños que van a fallecer y todas las enfermedades crónicas, degenerativas, progresivas y limitantes que obligan a los padres a ser cuidadores primarios”.


Quesada  ha considerado que la falta de desarrollo de este tipo de tratamiento en la infancia, está pautada en general por un prejuicio: la idea de que niños y niñas no padecen enfermedades terminales. Idea que no coincide con la realidad, porque también en esta etapa de la vida, “aunque menos, hay mortalidad y padecimiento previo”.

Sin embargo, su beneficio no está dado solo por la mejora de calidad de vida de los pacientes, sino que además, implican un trabajo en domicilio.

Algo a tener en cuenta que los cuidados paliativos no atrasan ni aceleran la muerte, sólo controlan el dolor generado por los síntomas del padecimiento: cuidan cuando no es posible curar. 
En este sentido, niños, jóvenes, adultos o adultos mayores pueden recibir los cuidados ante el padecimiento de enfermedades que los llevan a un estado terminal. 

A los adultos se le prepara morir; hay que enfrentarlo a la muerte porque es su verdad, su realidad y él tendrá que aprender a resolverlo. Pero el caso de los niños es muy difícil por el entorno ya sean sus padres, abuelos, hermanos, tíos. Aún cuando el niño aprende mucho más fácil a aceptar la condición de estar enfermo y luego de morir, es su entorno el que hace más difícil el momento aseguran especialistas.