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martes, 13 de octubre de 2015

INCLUSO EN ESTOS TIEMPOS | MAURO MEGO

Por: Mauro Mego. Presidente de la Junta Departamental de Rocha – Espacio 609.

Son tiempos de hondas contradicciones. Asistimos a la exposición de las mismas. 
Los conflictos propios de cada etapa presupuestal han dejado sobre la mesa nuevos-viejos temas en todo el campo progresista. Es discutible la pertinencia y el método. 


Y aun cuando lo vemos reflejado al debate en medios de prensa nacional, incluso en el seno de nuestra institucionalidad, un grueso importante de militantes y ciudadanos progresistas muchas veces no tienen espacio para expresar algunos conceptos.





La medida de esencialidad de la educación, las estrategias sindicales, los sucesos del CODICEN, y ahora la reasignación de recursos del Presupuesto han expuesto nuevas contradicciones. Si uno observa este escenario verá con claridad como hace varios meses este debate es solamente un debate del progresismo. La oposición ha sido marginada -creo que sin quererlo- de los debates.

Hemos establecido contradicciones que no son otra cosa que contradicciones del Frente Amplio, que han anulado la participación de la oposición. Casi que se podría decir que en estos meses todos los dramas nacionales no han sido otra cosa que dramas internos. Eso podría ser visto como una virtud (quitar del debate y dejar sin acción a la oposición de derechas), sin embargo, intuyo que es todo lo contrario.

Parece en algún sentido que la izquierda llegó al Gobierno de manera exitosa, pero llegado al mismo, se quedó sin estrategia. ¿Para qué pensábamos ganar?
¿Todos imaginábamos lo mismo para la etapa? ¿Qué se debía hacer con la estructura del Estado? ¿Qué se esperaba de los compañeros que asumirían tareas en la institucionalidad?
 ¿Todos los militantes deben actuar de la misma forma?

 Creo firmemente que algunas de estas preguntas no las hemos contestado, bien por comodidad intelectual, bien por razones del orden de lo personal.

No comprender las complejidades del desarrollo de propuestas de cambio en el Uruguay, o esperarlo solo del Estado, es admisible para un ciudadano común, pero nunca para quien se precia de ser militante.

La tarea del militante no es solo examinar la realidad sino vivirla, palparla y reconocerla tal y como es, guste o no guste, para transformarla.

Es así que comenzamos a caminar sin tener claro qué pensamos sobre la Defensa Nacional, qué pensamos sobre la seguridad, qué pensamos sobre el desarrollo sindical y su construcción, qué pensamos de la burocracia estatal, entre otros.

Nos quedamos atados de alguna manera a nuestra gloriosa historia, dimos la espalda a la idea de que no bastaba solo con el gobierno del Estado, sino que había que seguir caminando por la senda trazada. Vaciamos los espacios y los resultados están a la vista: para algunos no pasó nada desde 2005, para algunos no es perfectible el desarrollo sindical (es bueno en sí mismo), su composición, su método, su visión.

Para otros importa solo el reclamo parcial, ya no el programa histórico, para otros las herramientas sindicales son buenas cuanto más en contra de un gobierno están, vaciando todo de contenido ideológico. Y en el medio de este merengue hay nuevas generaciones que escuchan muy alegremente que vivimos igual que en el “pachecato”.

Vaya contribución a los cambios se hace de esa forma. A río revuelto, ganancia de pescadores, reza el dicho popular: la izquierda extra-frenteamplista aprovecha para profundizar su estrategia de erosionar al Frente Amplio, de desgastarlo como idea de crecimiento propio.

Creo que viven en otro país, y no ver el contexto es un pecado imperdonable para quien desea cambiar con las mayorías, aunque puedo llegar a concluir que es más cómodo el lugar de minoría incomprendida.

Por otro lado, la derecha: pasiva en los debates ve como el canibalismo interno de la izquierda hace solo su trabajo.

Podemos preguntarnos: ¿está bien en esta etapa que compañeros con responsabilidad institucional se crucen púbicamente?; y aún más: ¿es saludable la “crítica” pública de miembros de una organización hacia aquellos compañeros que ocupan cargos públicos?

No sé con qué objetivo se hace. Es frenteamplista la crítica, pero la crítica en los ámbitos.

Desnudar diferencias públicas, para el grueso de la opinión, es siempre señal de fisura, de debilidad del poder. No es una cuestión de principios como se pretende instalar: es una cuestión de método, de forma, de oportunidad. Creo que en el fondo se está hablando a porciones de la sociedad y no al todo, creo que se habla a la microagenda.

Temo que en estos cruces individuales o colectivos haya detrás apuestas al futuro corto y no se visualice lo que se hipoteca hoy. Temo, como tantos anónimos, que se busque enfrentar compañeros con compañeros, temo que se busque deshistorizar y desvalorizar los cambios iniciados y los méritos del Frente Amplio.

Temo que se construya la idea de que es “malo” el poder y que es mejor la pataleta, el discurso simpático, la microagenda, la falta de visión nacional. Nosotros creemos en el Frente Amplio y en él luchamos, incluso en estos tiempos.

Publicado en: Diario La República