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lunes, 12 de septiembre de 2016

Los Montoneros marcharon a Masoller.

La caballería "Por aire libre y Carne gorda" se movilizaron como en las épocas de Aparicio. El nuevo sector  "Wilsonista" que se comienza a gestar en Rocha ,Montoneras Blancas partiò y participò en la tierra blanca de Masoller para rendir tributo a 112 años de la muerte del  caudillo blanco Aparicio Saravia en la famosa batalla de Masoller.



El Partido Nacional recordó este domingo la figura de Aparicio Saravia en Masoller, definiéndolo como “el sentimiento de rebeldía de los blancos”. Según el presidente del Directorio nacionalista Luis Alberto Heber, “falta poco para que esa rebeldía se transforme en responsabilidad de gobierno”.

En un acto al que asistieron más de 3000 personas, unos 1200 a caballo, Heber afirmó que Saravia "es para el blanco el sentimiento de rebeldía que tiene que tener el pueblo uruguayo".







Historia de Masoller
La batalla de Masoller fue reñida, ambos bandos contaban con armamento moderno en su época, en especial los fusiles Remington y los más recientes Mauser, de gran precisión y largo alcance.

El 1 de septiembre de 1904 por la tarde, los combates se prolongaron durante alrededor de tres horas; pugnándose por unas posiciones ocupadas por las fuerzas del Gobierno en unos cercos de piedra (los que eran usuales en los campos, antes de su alambramiento) desde los cuales hostigaban a los revolucionarios con nutrido fuego de fusilería.
Éstos, a su vez, lograron varias veces desalojar a los gubernamentales de esas posiciones; pero recelando que estuvieran minadas, luego no las ocupaban, y eran retomadas por el ejército gubernista. Entretanto, los revolucionarios procuraban que los gubernamentales consumieran sus municiones, para atacarlos más tarde.

Aparicio había planificado separar a los ejércitos colorados de Vázquez y el General Pablo Galarza. Con ese objetivo dio la orden a la vanguardia cuyo jefe era Basilio Muñoz hijo “de avanzar para pasar primero que el enemigo por Masoller rumbo a Rivera; se preveía que el enemigo trataría de tomar las fuertes posiciones de los cercos dobles de piedra que salen de Masoller por la Cuchilla de Haedo y así lo hicieron. La vanguardia roja se parapetó en los cercos tomando la delantera”, según relata Nepomuceno Saravia (hijo y colaborador de Aparicio Saravia). La causa, según éste, fue que la vanguardia blanca “no cumplió con lo ordenado”.

Sin embargo, el hijo del general Basilio Muñoz asegura que la historia es otra:
“El 31 de agosto de 1904, día anterior a la batalla, a primera hora de la tarde Saravia, que comandaba la vanguardia nacionalista, tendió su división para atacar a la vanguardia del ejército gubernista que tenía mucha menos gente y estaba mal municionada.

Según cuenta la historia las fuerzas coloradas venía quien después fue suegro del hijo de Saravia, el que al tiempo confesaría al propio Aparicio que cada soldado tenía apenas diecisiete cartuchos. Cuando el general Basilio Muñoz se aprestaba a avanzar vino un chasque con la orden de Aparicio de “no comprometer ninguna acción”. Por tal motivo el doctor Bernardo García intentó convencer a Saravia de lo fácil que sería vencer a la vanguardia gubernista, pero la respuesta del caudillo fue la misma: no atacar.

Entonces el general Basilio Muñoz fue personalmente a hablar con Aparicio y le dijo que en media hora podía liquidar el combate. Ni aun así Saravia modificó su posición. ¿Cómo se explica? Por las conversaciones de paz entabladas con Mascarenhas, un hecho que no fueron más que una trampa para hacerlo perder tiempo.

En esas veinticinco horas que Aparicio esperó, el ejército colorado pudo unirse y tomar lugares estratégicos en las alturas de los montes. A las diez de la mañana del día 1° de septiembre los marcos estaba ocupados y recién a las tres de la tarde Saravia dispuso el ataque, obligando a su gente a ser sometida a un fuego terrible, desde dos flancos.

Lo sensato hubiera sido retirarse del lugar de la batalla, dejarles las alturas a las tropas del gobierno y buscar una posición más propicia, pero no ocurrió así. Como consecuencia, la batalla de Masoller se libró en las peores condiciones imaginables”.

Sea cual sea la causa, el ejército del gobierno colorado había logrado llegar a Masoller unido, y con más municiones y hombres. En esas circunstancias, Aparicio Saravia salió a recorrer el frente de fuego, para estimular a sus soldados; pero su figura resultaba claramente reconocible por el sombrero y el poncho blanco que usaba, así como por estar acompañado por un abanderado. Se trataba de una actitud sumamente arriesgada, porque estaba al alcance del fuego enemigo; y así ocurrió que fue gravemente herido por una bala de Mauser, que le atravesó el vientre de izquierda a derecha, lesionándole los riñones e intestinos. Francisco Trotta logra sacarlo y atender sus heridas, todavía en pie “trataba de sonreír, pero perdía mucha sangre”. Trotta lo acuesta sobre su propio poncho y luego junto a otro médico, Martínez y cuatro personas más lo trasladan a fuerza de “poncho”.

Posteriormente es llevado hasta el cercano Brasil, hacia una estancia distante alrededor de cinco kilómetros de la frontera. Fue asistido también por el estudiante de medicina Arturo Lussich.
Durante 10 días Saravia estuvo agonizando, sufriendo una peritonitis aguda a causa de los derrames internos causados por las lesiones de la bala.

No se logró acuerdo inmediato para designarle un sustituto en el mando superior de las fuerzas revolucionarias; y en definitiva su orden de volver a atacar a los gubernistas en la siguiente madrugada, con fuerzas de relevo, no fue cumplida, retirándose el ejército revolucionario tras la frontera, luego de lo cual prácticamente se desbandó, quedando así derrotada la última revolución civil.

Es que el panorama era extremadamente claro, tal como lo explicó el coronel Carmelo Cabrera, uno de los jefes que había pasado al Brasil “este es un ejército saravista. Caído Saravia, es imposible mantener su cohesión”.

Finalmente el 24 de septiembre de 1904 se firmó la Paz de Aceguá que trajo como consecuencia principal el fortalecimiento de la institucionalidad democrática del país y un largo período de paz civil en el Uruguay.